. ¿A QUE TE PODES ACOSTUMBRAR?

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domingo, 17 de abril de 2011

Porque teniendo memoria
elegí la amnesia...

Porque siendo testigo
negué haber estado...

Porque tendí mi mano
pero no la abrí...

Porque prometí
sabiendo que no cumpliría...

Porque me negué
a soñar despierto...

Porque le tuve
miedo al miedo...

Porque conocí el mundo
para no conocerme...

Porque no me atreví
a morir de amor...

Porque me doblé
en vez de romperme...

Porque no hice lo necesario...

Soy el Hombre Roto.

lunes, 31 de enero de 2011

El amor, que es el más intenso y profundo elemento de la vida, el precursor de la esperanza, de la alegría y del éxtasis; el amor, que desafía impunemente todas las leyes humanas y divinas y las más aborrecibles convenciones; el amor uno de los más poderosos modeladores de los destinos humanos, ¿cómo tal torrente de fuerza puede ser sinónimo del pobrecito Estado y del mojigato sacramento matrimonial, concedido por nuestra santa madre Iglesia?

¿Amor libre? Si hay algo en el mundo libre, es precisamente el amor. El hombre pudo comprar cerebros pero con todos sus millones no consiguió el amor. El hombre subyugó los cuerpos, pero no logrará subyugar el amor. El hombre conquistó naciones enteras; pero sus ejércitos no pudieron conquistar un grano de amor. El hombre cargó de cadenas el espíritu, pero se encontró completamente inerme, indefenso ante el amor. Encaramado en el más alto trono, con todo su esplendor y su oro, su poder será omnímodo, pero basta que el amor pase a su lado para que lo suma en una profunda desolación. Y si en cambio visita una miserable choza, la convertirá en el más radiante paraíso, dándole el sentido de una nueva vida, más animada en ternura y fantasía. El amor tiene la mágica virtud de convertir a un mendigo en un rey. Sí; el amor es libre; no puede existir en otra atmósfera. En plena libertad se entrega sin reservas, abundante y totalmente. Todas las leyes, todos los códigos y todas las cortes judiciales del universo no podrán arrancarlo del suelo, una vez que haya echado raíces en él. ¿Cómo se quiere, entonces, si el suelo es estéril, que el matrimonio le haga dar frutos? Es parecida a la lucha desesperada de la muerte contra el raudo vuelo de la vida.

El amor no necesita protección; se basta a sí mismo. Tan pronto como el amor impregne la vida con su ardiente y perfumado aliento no habrá más criaturas desamparadas, ni los hambrientos, ni los sedientos de afectos.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

viernes, 13 de noviembre de 2009

plantita de alelí que parecida es nuestra suerte
que para ti llega el invierno y para mi llega la muerte.

domingo, 11 de octubre de 2009

lunes, 4 de mayo de 2009















Alto en la torre nació mi voz,
se hizo viento y flotó
con la tuya,
se fundió en el atardecer.

Cierro mis ojos y te veo mas,
no tengo miedo a caer
si sostienes
toda mi estructura
y me haces bien.

Soy tan alto como el sol,
entiendo sin saber
que una cúpula se acerca
hasta mis pies.

Se que mis brazos
te apresan bien
la luna vuelve a crecer,
bajo nuestro
todo el Universo
empieza a arder.

miércoles, 14 de enero de 2009

Déjeuner du matin

Il a mis le café
Dans la tasse
Il a mis le lait
Dans la tasse de café
Il a mis le sucre
Dans le café au lait
Avec la petite cuiller
Il a tourné
Il a bu le café au lait
Et il a reposé la tasse
Sans me parler
Il a allumé
Une cigarette
Il a fait des ronds
Avec la fumée
Il a mis les cendres
Dans le cendrier
Sans me parler
Sans me regarder
Il s'est levé
Il a mis
Son chapeau sur sa tête
Il a mis
Son manteau de pluie
Parce qu'il pleuvait
Et il est parti
Sous la pluie
Sans une parole
Sans me regarder
Et moi j'ai pris
Ma tête dans ma main
Et j'ai pleuré.


JP.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Memoria del fuego - Galeano
















En la selva amazónica, la primera mujer y el primer hombre se miraron con curiosidad.
Era raro lo que tenían entre las piernas.
¿Te han cortado?- preguntó el hombre.
-No- dijo ella- Siempre ha sido así.
El la examinó de cerca. Se rascó la cabeza. Allí había una llaga abierta.
Dijo: -No comas yuca ni plátanos, ni ninguna fruta que se raje al madurar.
Yo te curaré. Échate en la hamaca y descansa-.
Ella obedeció.
Con paciencia tragó los menjunjes de hierbas y se dejó aplicar las pomadas y los ungüentos.
Tenía que apretar los dientes para no reírse, cuando él le decía:
-No te preocupes.
El juego le gustaba, aunque ya empezaba a cansarse de vivir en ayunas y tendida en una hamaca.
La memoria de las frutas le hacía agua la boca.
Una tarde, el hombre llegó corriendo a través de la floresta. Daba saltos de euforia y gritaba:
-¡Lo encontré! ¡Lo encontré!
Acababa de ver al mono curando una mona en la copa de un árbol.
-Es así- dijo el hombre aproximándose a la mujer.
Cuando terminó el largo abrazo, un aroma espeso, de flores y frutas invadió el aire.
De los cuerpos, que yacían juntos, se desprendían vapores y fulgores jamás vistos…
Y era tanta su hermosura que se morían de vergüenza los soles y los dioses.